Como tú que buscas y haces cosas para ver como tu hijo sale adelante por sí mismo. Sano y feliz.

Me gusta acompañar a madres como tú a experimentar y profundizar en herramientas y actitudes con las que construir el equilibrio, el bienestar y la salud de tu familia.

Como tú, soy una madre muy celosa de mis hijos, que pasé de tener una vida familiar sin sobresaltos a darme cuenta que las cosas no andaban bien, de hecho andaban muy mal.

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Así, sin comerlo ni beberlo, nos cayó como una losa la etiqueta del trastorno mental encima. Y digo, “nos cayó” porqué como muy bien sabes aunque mi hijo adolescente era  el que tenía los síntomas y al que medicaron, todos hemos quedado marcados con una cicatriz de dolor emocional indescriptible.

Recuerdo al principio, la desesperación que se apodera de ti con una sensación física de ansiedad. Te sientes desvalida, triste, sola y avergonzada. Y estos sentimientos son de largo aliento, en nuestro caso ya han pasado años.

Más tarde fui aprendiendo sobre qué le había pasado a mi hijo. Mis sentimientos fueron cambiando. De sentirme cansada, ansiosa y asustada y no ver ninguna salida a remover cielo y tierra y buscar muchas opciones y diferentes miradas sobre la salud mental.

Hoy, estoy acompañándolo orgullosa y esperanzada y con mucha confianza puesta en él y en su proceso personal.

Existen vivencias me han marcado para siempre. Este proceso al lado de mi hijo ha generado un impacto tal que ha marcado un antes y un después en mi vida.

Ahora estoy en una etapa muy dulce. Aprendí lo que es realmente escuchar a alguien, y esperar todo lo necesario para escucharle decir lo que tiene para decir. Tuve que aprender a frenar mi propia necesidad de ser escuchada, en favor de mi necesidad de comprender.

Vivir en primera persona la crisis de mi hijo hizo salir de mí,una mujer pequeña y delgada, una fuerza enorme,capaz de mover cielo y tierra.

Esta fuerza me conecta y me hace estar comprometida en ser parte activa del crecimiento sano de mis hijos, ser  su punto de apoyo cuando lo necesitan.

Acepto vivir el dolor que me ha tocado, transitarlo pero en ningún caso  me resigno y lucho con acciones concretas y diarias contra las etiquetas de diagnósticos invalidantes.

Trabajo por la prescripción y el uso muy puntual de la medicación en los momentos de crisis profunda de la persona, no estoy por el uso de por vida que cronifica, atonta y anula la vida digna de la persona, tanto como ser individual y como ser social .

Estoy a favor del acompañamiento humanista profundo de los jóvenes y niños con crisis, es decir, a través de la palabra, de la escucha activa desde el corazón, desde la empatia, desde descubrir cuál es el anhelo, la necesidad, los sentimientos que hay detrás de las palabras que pronuncia.

Y de hacerle de espejo simplemente donde pueda ver su imagen reflejada; sin juicios, sin amenazas, ni consejos, ni preguntas que lo pongan a la defensiva, ni órdenes ni imposiciones.

Te acompaño a transitar tu dolor y tus miedos y tus alegrías y descubrimientos y a conocer un poquito mejor para poder liberarte.

De esta manera  vas a poder ser mucho más útil a tu hijo y a ti misma.

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