¿Por qué no debes reírte de los sentimientos de tu hijo?

Un sábado mi marido se llevó a Lucía y a Laura por la mañana a comprar plantas para el acuario y cuando volvió, Lucía estaba pensativa y extrañamente callada.

A la hora de la comida me dijo que no tenía hambre. Al principio empecé con aquello de “¿cómo es que no tienes hambre? ¿Has comido algo cuando has estado fuera? ¿O qué es lo que te pasa?”.

Pero pronto me di cuenta de lo que estaba haciendo y dije simplemente “bien, nosotros vamos a comer, si te apetece estaremos aquí”.

Me parecía super extraño eso de no tener hambre (mi hija SIEMPRE tiene hambre), y se lo pregunté a mi marido, “¿a esta niña le ha pasado algo esta mañana?”. Y me dijo “no, creo que no, pero cuando volvíamos ya estaba así”.

Cuando empecé a recoger la mesa la llamé en la cocina y le dije “creo que quieres contarme algo, no me parece normal que no quieras comer”.

Entonces me miró con ojos tristísimos y me dijo “es que esta mañana hemos ido a la tienda de animales, y había hámster y me acordado del Peke…”.

El cambio

Estuve a un pelo de soltar una risa burlona e incrédula mientras le decía: “pero hija mía, ¿a qué viene eso si el hámster se murió hace 6 años? ¿Será posible que aún estés dándole vueltas a esto?”.

Pero ese día estaba curiosamente relajada e inspirada, así que reprimí mi contestación lógica y simplemente le dije: “lo amabas mucho, ¿verdad?”.

Lo que vi en sus ojos fue indescriptible. En sus ojos vi una llama de esperanza, un brillo que decía ”¡entiendes como me siento!”.

A partir de ahí comenzó a explicarme lo que sentía, lo que había querido a su hámster, cómo había sido el mejor regalo de cumpleaños del mundo, las travesuras que nos había hecho, y la sensación de que sin él se había quedado sola, sin mascota.

La escuché.

No la interrumpí para decirle “bueno, esto ya ha pasado, ahora eres mayor” o “si te portas bien algún día te compraré otro”. La dejé que se desahogara y le recordé que es natural sentir la ausencia de los que amamos, que es algo normal sentirse así.

De pronto vi como se alumbraba una lucecita y le dije: “cuando se nos muere alguien que queremos mucho, a veces nos sentimos reconfortados si tenemos alguna foto para recordarlo. Creo que tenemos una foto de Peke. ¿Te gustaría que la hiciera imprimir y que luego la pusiéramos en un marco para que pudieras verla siempre que quisieras? ¿Crees que eso te haría sentir mejor?”.

Me miró con una sonrisa de oreja a oreja entre lágrimas mientras me decía: ”Me gustaría mucho, mamá”. Y nos dimos un abrazo. Un minuto después me dijo que, en realidad, sí tenía hambre

Gazela

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