Cómo ayudar a niños y adolescentes a superar la vergüenza

¿Tienes un adolescente en casa que se muestra tímido ante el sexo opuesto?

¿Tiene miedo a hacer el ridículo ante sus compañeros de clase?

¿Teme las críticas negativas?

¿Se aísla por falta de confianza en determinadas situaciones sociales?

No, no creas que es el único/a.

La timidez es un rasgo totalmente normal entre niños, adolescentes, e incluso entre muchos adultos.

Sin embargo, el hecho de que sea una emoción natural entre los seres humanos no significa que no debamos intentar gestionarla y encontrar la manera de superarla.

En este artículo te explico qué debes hacer y qué debes evitar a la hora de ayudar a los niños y adolescentes en tu vida a perder la vergüenza.

 

Qué es la vergüenza y cómo se manifiesta

La vergüenza es una reacción universal humana.

Todos tenemos el potencial de sentir vergüenza al relacionarnos con otros.

La vergüenza se apoya en una evaluación negativa que hacemos de nuestro propio yo.

Nos sentimos inseguros ante cierta situación y tememos las evaluaciones negativas de los otros al descubrir esa falta que hemos detectado.

En otras palabras, la vergüenza es el miedo a ser juzgado de forma negativa por las personas en nuestro entorno.

¡Entorno que hoy se extiende incluso al universo digital!

Tememos las opiniones y pensamientos negativos que puedan generarse sobre nosotros.

Y ese temor provoca el “trágame tierra” famoso.

Esa necesidad de hacernos invisibles…

De desaparecer.

¿Interviene para algo el entorno en el desarrollo de la vergüenza en el niño/a?

Interviene.

Si el niño crece en un entorno acogedor, las posibilidades de ser tímido serán menores.

Si el niño/a se siente querido/a, seguro/a, respetado/a, tendrá mayor confianza en sí mismo/a.

Si, por el contrario, el niño/a se siente menospreciado/a, inseguro/a o infravalorado/a, tendrá menos confianza en sí mismo/a y por tanto, mayor será la tendencia a sentirse avergonzado/a ante ciertas situaciones sociales.

La vergüenza en ese niño/a puede manifestarse físicamente.

El niño/a y adolescente vergonzoso, camina cabizbajo, atemorizado.

Tiende a aislarse.

Se sonroja.

Y en algunas ocasiones pueden enmascarar la emoción con una risa histriónica descontrolada que le ayuda a aliviar la tensión.

En otras, puede traducirse en rabia, por ejemplo.

En el adolescente, la timidez se entremezcla con otras emociones complejas.

Los nuevos roles que el/la adolescente aun no domina y que tanto exigen de él o ella le ubican en situaciones incómodas ante las que se siente avergonzado/a.

No sabe cómo actuar.

Tampoco se siente seguro/a de los cambios corporales que está viviendo.

En algunos casos, incluso puede que no los acepte y se sienta avergonzado por ellos.

 

Cómo ayudar a tus hijos a gestionar la vergüenza

Respeta sus emociones y comunícate con empatía

Adele Faber y Elaine Mazlish, autoras de “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen” explican que “Los sentimientos nunca son correctos o incorrectos, simplemente lo son. Solo las acciones deben ser limitadas. Los sentimientos siempre deben ser aceptados”.

Así que, sobre todo, no juzgues a tu hijo/a adolescente porque no actúa como a ti te gustaría ante tus invitados.

No le digas cómo debe actuar.

Respétale.

Escúchale.

Demuéstrale que te interesan sus sentimientos.

Que quieres ser partícipe.

Dile que intente describirlos.

-Hablar delante de personas mayores me pone nervioso porque no sé qué decir y creo que me van a juzgar.

-Te entiendo perfectamente. No es fácil hablar ante desconocidos. Yo también me siento así en muchas ocasiones.

Y dale las herramientas que creas necesarias para gestionar las emociones relacionadas con la manifestación de la vergüenza.

 

 Corrige con amor

El sentimiento de vergüenza está intrínsicamente ligado al sentido de seguridad en uno/a mismo.

Tus hijo/as están en un proceso interminable de aprendizaje, (¡como tú y yo, no lo olvides!) que pasa del error al acierto.

Si corriges sus errores con amor, le estarás dando la seguridad que necesita para llevar a cabo todas esas tareas y comportamientos que se esperan de él.

Si corriges con impaciencia y juicio duro, estarás impactando negativamente en su autoestima.

 

¿Aun no te puedes atar el zapato solo?

¿Cómo es posible?

¡A esta edad ya tendrías que saber hacerlo solo!

Con este tipo de comentarios le haces creer que no está a la altura.

Le comparas con otros que sí saben atarse los zapatos.

Le convences de que no es capaz de llevar a cabo una simple acción, y cuando llegue el momento de algo más complicado le será imposible.

No olvides que la vergüenza se alimenta de una baja autoestima y poca confianza.

Así que, ¡cuidado con las críticas y comparaciones!

Intenta centrarte en sus logros y ¡elógialos!

 

Apóyalos ante los desconocidos

Tu hijo/a necesita tu apoyo.

En casa.

En la escuela.

En situaciones sociales en las que no se siente cómodo…

Por eso, lo último que debes hacer es evitar etiquetas y comentarios como “es que es muy tímido/a”…

“Es la edad del pavo”…

“Le ha mordido la lengua el gato”…

“Espero que algún día se le pase”.

Tu labor debe ser fomentar su seguridad y confianza.

Sobre todo, en ese momento en el que vive una situación estresante que le provoca el deseo de desaparecer.

Apóyale elogiándolo/a en lugar de etiquetándolo/a.

Las etiquetas son solo excusas para ti que te ayudan a defenderte delante de los demás por lo que parece ser una labor educativa no bien hecha.

Apóyale dándole las herramientas que necesita en ese momento para ganar confianza en sí mismo/a.

Si es una frase o una pregunta que le pueda dar pie a una conversación, ¡adelante!

O tal vez un “yo hablo primero y tú, después”.

Pero si no lo es, porque le provoca demasiada ansiedad, no pasa nada.

Recuerda que, ante una situación nueva, es recomendable que el niño/a y adolescente se relaje poco a poco, hasta que la acepte con normalidad.

Así que, no te frustres.

Simplemente, sigue compartiendo habilidades sociales y de comunicación en casa, con cariño y afecto.

Enseñarle cómo afrontar situaciones que puedan provocarle ese deseo de desaparecer.

Sin forzar.

Sin dar excesiva importancia al problema.

 

Qué no debes hacer ante la vergüenza de tu hijo

Tu familia es el pilar de tu hijo/a.

Tú eres el pilar de tu hijo/a durante sus años de desarrollo.

Todo lo que ocurre en casa puede influir en el desarrollo posterior de su personalidad.

Si detectas que tu hijo/a es vergonzoso, no le fuerces.

¡Saluda, niño/a!”,

¡Vete a jugar con los otros niño/as!”

¡Siéntate a hablar con los mayores!”

¡Dale un beso a la tía Rosa!”

No le insistas en que sea más extrovertido

No le insistas en que sea como tú te imaginas que debería ser…

No le insistas en que se comporte de una manera para la que no está preparado…

No le obligues.

Y, sobre todo, no le riñas en público.

No le humilles.

No hay peor vergüenza para un niño/a o adolescente que le grites delante de otras personas.

No solo no va a modificar su comportamiento, sino que te va a resentir.

Y lo que es peor, vas a estar profundizando su sentimiento de inseguridad y vergüenza.

 

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