Refuerzo positivo o alternativa al castigo

En su libro “Como hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños hablen” Adele Faber y Elaine Mazlish explican que en muchos de los grupos de padres que ellas gestionaban, surgía a menudo el tema del castigo.

“Pero ¿por qué castigas a tu hijo/a ante determinada conducta?” preguntaban ellas a esos padres confundidos.

– Porque si no castigo, el niño trata de salirse con la suya…

– A veces me siento tan frustrada que no sé que otra cosa puedo hacer

– Si castigo a mi hijo es porque es la única manera de hacerlo entender.

¿Qué hacían entonces estas psicólogas infantiles ante estos comentarios?

Les pedían que recordasen sus propios sentimientos al ser castigados de pequeño/as.

– Yo odiaba a mi madre y pensaba, “es una histérica”.

– Yo acostumbraba a pensar que mi padre tenía razón: soy muy malo y merezco que me castiguen.

– Yo albergaba la fantasía de que algún día yo enfermaría de gravedad y mis padres se arrepentirían de lo que me habían hecho.

¿Y tú?

¿Recuerdas como te sentías ante los castigos que tradicionalmente han utilizado los padres en nuestra sociedad?

Puede que tus padres fuesen la excepción, pero la mayoría eran sobreprotectores. Es innegable que el castigo se empleaba y se aceptaba como la herramienta correcta para la educación de los niños.

Ahora, sabemos que el castigo no es el camino adecuado.

Sabemos que, como el conocido psicólogo infantil Haim Ginott advertía ya a finales del siglo pasado, “Un niño/a debe experimentar las consecuencias de su mala conducta, pero no un castigo. En una relación de amor, el castigo no tiene cabida.”

¡Y cuánta razón tenía el Dr. Ginott!

Porque, el castigo es solo una distracción.

En lugar de que el niño/a se arrepienta y piense en la manera de enmendarse, el castigo hace que se preocupe con fantasías de venganza.

¿Existe una alternativa, entonces al castigo y al refuerzo negativo o positivo?

Existe: la educación positiva y la comunicación respetuosa.

A continuación, te cuento en qué consiste y cómo aplicarla.

 

¿En qué consiste educar sin refuerzos positivos pero con alternativas al castigo?

El reforzamiento positivo no es más que ofrecer un estímulo adicional después de cierto tipo de comportamiento.

Un estímulo fuera de la estresante situación del castigo.

Un estímulo que aumenta las probabilidades de que ese comportamiento se produzca de nuevo en el futuro.

Seguro que lo has vivido más de una vez incluso como persona adulta.

¿Qué crees que es el bono que recibes a fin de mes cuando excedes la cuota de ventas?

¡A tu jefe le interesa que aumentes la frecuencia futura de ese tipo de comportamiento!

Lo mismo sucede al aplicar el Refuerzo Positivo a tus hijo/as o alumno/as.

Por el bien del pequeño/a y de vuestra relación, crees que es necesario minimizar ciertos malos hábitos y sustituirlos por un tipo de conducta deseada.

Es necesario que ciertos tipos de conducta se repitan más.

Reforzar las respuestas adecuadas positivamente con estímulos agradables para que tenga la tendencia de repetirla con frecuencia en el futuro.

No, no te estoy hablando de sobornarle.

Te estoy hablando de utilizar el refuerzo positivo en forma de sonrisa…

O de halago…

O de permitirle hacer una actividad que a él/ella le gusta si ha hecho sus deberes…

Basado en la comunicación respetuosa en cambio las alternativas al castigo son una manera maravillosa para decirle a tus hijo/as y/o alumno/as que su conducta no va a ser tolerada y que tiene unas consecuencias.

Con las alternativas al castigo y no con el refuerzo positivo le ayudas a centrarse en comportamientos que él o ella mismo/a siente deseo por cumplir.

Con las alternativas al castigo y no con el refuerzo positivo “borras” el castigo de tu caja de herramientas como educador/a y lo sustituyes por palabras efectivas con tonos respetuosos y que se centran en describir la situación o el problema, sin atacar el carácter del niño/a.

 

Cómo aplicar las alternativas al castigo en vez del refuerzo positivo

– Júlia, pero tú me estás hablando de una medida que debo tomar en nuestro día a día.

En nuestra relación diaria como padres/madres e hijo/as.

O como docente y alumno/a.

Pero las alternativas al castigo no va a funcionar en el momento concreto cuando se da la conducta disruptiva, funcionaría mejor el refuerzo positivo.

– Sí, te estoy hablando de una medida preventiva.

Porque, ¿no crees que sería maravilloso si pudiésemos anticiparnos a los problemas de comunicación y comportamiento de los más pequeños/as o adolescentes en nuestras vidas?

¿No crees que se fortalecería la relación entre vosotros/as?

¿No crees que mejoraría la autoestima de los chicos/as?

¿Y que de esa manera se producirían menos situaciones de conflictos?

¿Menos situaciones propensas a ser penalizadas con castigos?

De acuerdo, a ti te sigue preocupando el qué hacer delante de una conducta disruptiva.

Para ello, te invito a seguir de nuevo los consejos de Faber y Mazlish para momentos en los cuales “no tenemos ni la previsión ni la energía necesarias” y utilizamos el castigo.

Aquí tienes algunas alternativas para el castigo que podrías usar en el acto:

– Señala una forma de ser útil.

– Expresa una enérgica desaprobación de la situación (sin atacar el carácter del niño/a).

– Ofrécele una elección.

– Déjalo que experimente las consecuencias de su comportamiento disruptivo.

 

Ejemplo no de reforzamiento positivo sino de una alternativa al castigo en una experiencia real

¿Cómo le señalas una forma de ser útil?

Si tu hijo/a no para quieto/a mientras estáis de compras y te resulta imposible terminar tus tareas lo antes posible como a ti te gustaría, no le atemorices con un:

“Verás cómo te va a castigar tu padre cuando llegue a casa”.

Dile, “Veo que sientes curiosidad por todos los objetos de la tienda, ¿qué te parece si escoges tres naranjas bien grandes?”

¿Cómo expresas una enérgica desaprobación sin atacar el carácter del niño/a?

En el mismo contexto, no le regañes con un “¿No puedes parar quieto de una vez? !Eres como un salvaje descontrolado!”…

Dile, “¡Me irrita lo que estás haciendo porque me estás molestando a mí, al resto de la gente que está comprando y a los vendedores!”

¿Cómo refuerzas con otra alternativa al castigo ofreciéndole una elección?

En lugar del típico “Si sigues corriendo vas a acabar con un bofetón”. ¿Por qué no ofrecerle una elección?

¡Basta! ¡Tienes que dejar de correr! ¡ Puedes caminar de mi mano o sentarte en el carrito! Tú decides.

¿Cómo le dejas que experimente las consecuencias de su comportamiento disruptivo?

Cuando llegue el momento de regresar al centro comercial y el niño/a esté listo para salir contigo, simplemente dile:

– Lo siento, pero hoy no vienes.

– ¿Por qué no?

– ¿Tú qué crees?

 – Porque no paré de correr por toda la tienda.

– Efectivamente.

– Lo siento, papi/mami, ¿no me das otra oportunidad?

– ¡Claro! Pero otro día, hoy no.

 

Aparte de estas situaciones de comportamiento disruptivo:

Habla de sus sentimientos…

Habla de los tuyos…

Este tipo de comunicación respetuosa, abierta y positiva hará que tu hijo/a se sienta más motivado para seguir haciéndolo de manera más útil en el futuro, sin malograr su autoestima.

¿Lo has probado y te resulta difícil?

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