Cómo actuar ante un ataque de ira de un niño

Viene a ser algo como el rugir súbito de un inesperado terremoto, ¿verdad?

Primero ves como los músculos se tensan…

La expresión en su rostro cambia…

El tono de su voz se eleva…

Puede que incluso levante la mano…

O que aparezcan los insultos…

Los gritos…

Los llantos…

Sí, ¡estamos frente a un ataque de ira infantil!

La magnitud de la “explosión” dependerá de las circunstancias y los participantes, pero lo importante es tener muy claro qué se debe hacer ante “movimientos sísmicos” de este tipo.

¿Cómo actuamos ante este ataque de ira de un niño?

¿Qué medidas debemos tomar para gestionar la ira de nuestros hijos desde un espacio de respeto y humanismo?

Hablamos de ello a continuación.

calmar a un niño

La ira, un sentimiento natural

La ira es una emoción totalmente natural.

Tu hijo/a, desde pequeño/a siente ira, al igual que siente alegría, tristeza, miedo y asco, las otras cuatro emociones naturales del ser humano.

Todas tienen su función en nuestro organismo.

La ira es un mecanismo de defensa ante un posible ataque.

Cuando otro niño le insulta o le pega, por ejemplo, la ira “enciende” ese mecanismo de defensa que invita a tu hijo a la acción.

Y de ahí que inmediatamente su cuerpo reaccione físicamente de manera rápida y poderosa.

Tan rápida que normalmente no tiene tiempo ni de reflexionar ni de pensar en alternativas.

Por eso es tan importante que tú le enseñes a canalizar la ira.

Que aprenda de ti a identificar una emoción que, como todas puede guiarle en su camino, siempre y cuando sepa gestionarla con equilibrio.

Cómo los niños expresan la ira

La ira es una compleja emoción humana que provoca tres respuestas distintas tanto en niños como en mayores:

1. Respuesta Corporal

Ante una situación incómoda, inesperada, frustrante, contraria, etc. el modo “defensa” se activa en el cuerpo humano de manera natural. ¿Qué señales físicas presentamos al reaccionar con ira?
No todos respondemos de la misma manera, pero por lo normal, la ira aumenta el ritmo cardiaco, segrega adrenalina, los músculos se tensan, la respiración se acelera, y el flujo sanguíneo se dispara.

El grado en el que se manifiestan estos “síntomas”, depende del temperamento de la persona, las experiencias previas, sus creencias, etc.
Evidentemente, nuestros hijos tienen mucha menos experiencia a la hora de reconocer esta emoción y gestionarla debidamente.

2. Respuesta Cognitiva

Situaciones del tipo injusticia, abuso, acoso, obstáculos… etc. por sí solas no tienen un valor emocional. Es nuestra respuesta cognitiva sumada a la valoración personal que hacemos de ella la que le otorga un significado, y provoca todo tipo de emociones, incluida la ira.

La respuesta cognitiva a un evento depende de la manera cómo cada uno de nosotros interpreta el mundo a su alrededor, y, sobre todo, de los modelos que hemos tenido en nuestras vidas de pequeños.Por eso precisamente, es tan importante que enseñemos a los niños la manera correcta de aprender a manejar la ira desde muy pequeños, con palabras y con ejemplos.

3. Respuesta Conductual

Ante un obstáculo que se interpone en nuestro camino, provocamos la conducta que creemos que nos ayudará a eliminar lo que se interpone un nuestro camino. Es decir, el objetivo de esta conducta es “destruir” ese obstáculo para así nosotros poder conseguir nuestro objetivo.

¿Cómo actuar en estas situaciones de ira?

“Los niños se sienten frustrados y resentidos cuando ven que sus padres no están interesados en cómo se sienten y en su punto de vista”.

Haim Ginott

Palabras muy acertadas del influyente psicólogo infantil, y autor de “Entre Padres e Hijos”, y punto de partida de los consejos que comparto a continuación.

Espero que te ayuden a canalizar la ira en tu hijo/a y controlar los posibles “movimientos sísmicos y sus réplicas” provocados por esta emoción, en tu hogar.

1. Entiende su conducta y motivos

Por lo comentado en este artículo, sabes que la reacción que estás viendo en tu hijo es absolutamente natural.

Ni es un ataque personal dirigido a ti…

Ni es una respuesta anormal que deba preocuparte.

Es, simplemente, el cuerpo humano reaccionando ante un ataque.

Así que, separa la reacción de la persona.

Separa la conducta, del niño.

El berrinche, de tu hijo.

Respira (sí, ¡aunque lo hayas oído miles de veces! ¡Te ayudará a ganar perspectiva y a distanciarte de la explosión emocional que tiene lugar a tu alrededor!).

Tranquilízate.

Haz lo posible para que tu mecanismo de defensa no tome posesión de ti y ¡acabes “implosionando” tú mismo/a!

Intenta que el pequeño se aleje también del detonante de la explosión de ira para que se pueda calmar.

Las técnicas de autocontrol que comparto en este artículo te ayudarán a mantener la calma en este tipo de situaciones.

2. Deja que el niño entienda y exprese el motivo de su ira

Demuéstrale cómo utilizar el lenguaje para expresar sus sentimientos.

“Entiendo cómo te sientes. Estás enfadado porque no puedes ir al parque a esta hora”.

Y ahora invítale a que reconozca sus sentimientos.

ejemplo comunicacion no violenta

Insiste en que utilice el lenguaje para expresar toda esa ira que se está apoderando de él o ella.

Que reconozca cómo se siente.

Que identifique la emoción que está viviendo y sus manifestaciones físicas.

Que exprese en palabras lo que ese mecanismo de defensa natural le está incitando a hacer: quiero insultar, quiero romper el vaso, quiero pegarte, etc…

Que vea y explique la asociación entre la ira y las respuestas físicas.

Entre los antecedentes internos (cansancio, hambre) y externos (“me han insultado”, “quiero ir al parque, pero no me dejas”) del comportamiento y las sensaciones físicas que se apoderan de él o ella en ese momento.

Adele Faber y Elaine Mazlish en su libro “Cómo hablar para que los niños escuchen y cómo escuchar para que los niños” afirman que, al hacerlo, le estás poniendo en contacto con su realidad interior.

Y una vez que la comprende esa realidad, pude gestionarla mucho mejor.

En este artículo te cuento ¿Qué sucede cuando negamos nuestros sentimientos?, acciones también aplicables a los ataques de ira de tu hijo/a.

Y en Cómo Calmar a un Niño comparto sugerencias prácticas que pueden ayudarte a actuar ante un ataque de ira de tu hijo y a mantener la calma.

 

3. Enséñale a actuar sin ira

Ahora llega el momento de enseñarle qué debe hacer para prevenir, y gestionar la ira.

Y, sobre todo, para que no transcienda en agresión verbal o física.

La clave es crear en el niño la capacidad de resolver problemas de manera empática.

Partiendo siempre, del respeto por sí mismo y por los demás.

Disciplina sin castigo

A medida que va creciendo, tu hijo/a adquirirá la capacidad lingüística para expresar sus sentimientos e irá desarrollando mayores niveles de empatía.

Es decir, podrá ponerse en el lugar del otro mucho más fácilmente y comprenderá mejor el efecto de sus actos y palabras en los demás.

 

Con los años, y con tu ayuda, habrá dominado la forma de expresar su ira lingüísticamente y no físicamente.

Pero, te necesita a ti.

Si no le enseñas cómo canalizar toda esa energía de ataque que se le genera de manera automática ante un obstáculo, no va a tener las herramientas necesarias para resolver sus problemas.

Piensa que en muchas ocasiones los niños recurren a la agresividad y la violencia porque no han pasado por este proceso de aprendizaje.

Nadie se ha tomado el tiempo de explicarles cómo gestionar la ira y no conocen otra forma de hacerlo.

Ejemplo de gestión real del “berrinche” de un niño/a

¿Crees que te resultará difícil poner en práctica los consejos que he compartido en este artículo?

Te entiendo.

No es fácil reaccionar con calma y con intención ante situaciones que pueden a escalar fácilmente.

Pero, tal vez el ejemplo que comparto en este artículo pueda ayudarte.

En esta escena, mi hijo Lucas insistía en salir en bici.

Era ya casi hora de cenar y le dije que tendría que dejar la bici para otro día.

Como puedes imaginar, el movimiento sísmico que se produjo fue considerable hasta llegar a lanzarme una garrafa de agua vacía, repartir unos cuantos insultos e ¡insistir en que quería cambiar de padres!

Te invito a que leas el diálogo que tuvo lugar entre Lucas y yo para que puedas percibir cómo le guio hacia la identificación de sus sentimientos en ese momento.
Verás cómo, hablando, identificamos los detonantes externos que pusieron en marcha su mecanismo de ataque.

Y verás la resolución a la que llegamos siguiendo los pasos que he compartido en este artículo hoy.

¡No! ¡Desde luego, fácil no es!

¡Pero es posible!

Tal vez, nuestra Certificación de Facilitadores pueda ayudarte.

Basada en el trabajo de las expertas en comunicación entre adultos y niños, Adele Faber y Elaine Mazlish, nuestra certificación de facilitadores está pensada para Psicólogos, Educadores, Coachs y todas aquellas personas que trabajen con familias y niños y adolescentes.

Te ayudará a gestionar tu lenguaje ante reacciones como las que hemos tratado hoy.

Te ayudará a comportarte ante ataques de ira de los niños con los que trabajas.

De tres días de duración y formato presencial en Barcelona o Madrid, la certificación te ayudará a descubrir un nuevo paradigma para entender las relaciones y la interacción entre adultos, niños y adolescentes.

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¡Hasta pronto!

 

 

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